sábado, 26 de mayo de 2012

sèverlA


Tocando el suelo con la cabeza, y tirando los pies al cielo, me retuerzo... me retuerzo en cada costilla que se me escapo de las piernas ese día que corrí con los ojos, ahí te encontré transformada en ese búho de ojos profundos, con alas encogidas y patas recogidas, ahí volteaste tu cabeza hacia otro horizonte, aquel donde no existían cabellos anudados. Ahí volví a caer una milla bajo el suelo, donde los gusanos son escarabajos, donde los muertos gritan por la vida que no aprovecharon, donde no hay fuego, pero hay tanto frío... tanto frío que te quema sin poder ahogarte para no sentir mas dolor, tanto frío que ya no congela, te vuelve agua, para poder volver al fin a las napas subterráneas... donde siempre debimos haber estado.


Ahí vuelvo a tocar el suelo con los pies, pero la cabeza... la cabeza toca el centro de mi alma, donde no existe nada, no existe tiempo, no existe esperanza, no existen manos, no existe alma... solo existe una gota brillante de agua, que me hidrata el pelo que algún día crecerá en la tierra como Arrayán.


Me despojo del espacio.

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